Durante el trayecto de estos meses no hemos visto inmersos en la difícil tarea (pues en lo personal me ha parecido algo complejo y difícil) de ir construyendo un nuevo paradigma en la forma de trabajar en el aula. Una aula con particularidades en cada escuela, pues algunas tienen diversas comodidades y tecnologías, mientras que otras, indudablemente tendrán muy diversas carencias.
Pero un factor mucho más importante lo constituyen los estudiantes, jóvenes adolescentes que tienen sus propias características en su forma de actuar, pues sufren cambios o transformaciones, corporales y de personalidad. Adolescentes que se encaminan a la difícil tarea de ser adulto y a su vez resienten la ausencia de la niñez donde la escuela era menos exigente y tal vez donde su estancia era más placentera.
Hasta hoy, en el Nivel Medio Superior, los estudiantes habían enfrentado actividades escolares con algún poco de mayor rigor y complejidad que la escuela secundaria, y desde luego los resolvieron con el mismo esquema y herramientas que usaron en el inmediato pasado. Los profesores de bachillerato por su parte nos topamos con los primeros obstáculos: la concepción de aprendizaje memorístico y poco significativo que los estudiantes traen y la resistencia al cambio que implicaba una mayor exigencia. Y el otro gran obstáculo, la formación docente, pues como ya hemos visto con anterioridad, la mayoría de los profesores de EMS, no se formaron adecuadamente, pues su capacitación fue básicamente para el mundo laboral.
Ahora, estamos enfrentando a un mundo dinámico y cambiante, tanto en los estilos de vida como en el aspecto laboral, esto implica que la sociedad necesita que los que nos ocupamos de la formación de las nuevas generaciones, al menos en el NMS, adoptemos una nueva forma de ejercer la docencia. Un cambio que se venía gestando en los trabajos de investigadores del comportamiento humano en la escuela y la sociedad.
Desde hace varias décadas, diversos personajes como Piaget, Ausbel, Dogmak y Vigotski, habían escrito sobre sus concepciones de la evolución y el aprendizaje de los niños y adolescentes. Desde luego, los profesores habíamos leído parte de esos trabajos durante la participación en variados cursos que se diseñaron para mejorar el trabajo en el aula, pero poco de aquello fue lo que adaptamos a nuestros cursos. La mayoría seguimos con la inercia principal de la enseñanza tradicional.
En el nuevo contexto, el cambio más importante es que el aprendizaje se centre en el estudiante y que se desarrollen competencias que los capaciten tanto para toda la vida como para el mundo del trabajo productivo. Se requiere que el alumno se apropie de sus conocimientos de una manera más dinámica, dirigido u orientado por su asesor o guía. Asimismo, se necesita que adquiera nuevas capacidades, las denominadas competencias básicas o genéricas, las disciplinares y las profesionales.
Y es en estos últimos puntos donde la tarea docente se torna compleja, porque implica no solo “dar clase”, sino diseñar actividades que promuevan en los estudiantes las distintas capacidades. Cada clase de actividad tendrá un diseño diferente de acuerdo con el tipo de competencia a formar. Y durante su construcción siempre deberá tomarse en cuenta los aspectos conceptuales, procedimentales y actitudinales.
Por lo que a la pregunta que se formula en esta semana:
¿El aprendizaje es algo tan trivial que se puede observar y medir con base en unas simples preguntas a propósito de unos contenidos cualesquiera?
Contestaremos:
El aprendizaje como hemos mencionado antes, es algo bastante complejo, no se puede medir construyendo un examen y aplicándolo para observar cuántos aciertos tiene un estudiante sobre algunos contenidos que escogimos a propósito, el puntaje que de aquí se obtenga no nos dirá mucho de las habilidades, actitudes y destrezas de un alumno en particular. En suma tenemos que cambiar la forma de evaluar. Tendremos que modificar nuestros programas a las nuevas exigencias educativas del país o de la sociedad.
Jorge Luis Díaz Machuca.